Experimento revela lo que 1 hora en la naturaleza le hace al cerebro humano

La sociedad parece vivir de una manera acelerada, dónde todos los días nos vemos expuestos a factores que antes no parecían tener importancia.

Vivimos en la llamada era digital, dónde todo puede estar al alcance con ayuda de la tecnología y un “clic”. Definitivamente esta era tecnológica ha aportado grandes ventajas, facilitando tareas diarias, incluso optimiza los tiempos de traslado de un lugar a otro, con ayuda de aplicaciones que recomiendan alternativas de rutas.

Sin embargo, pareciera que cada vez tenemos menos tiempo para lo que antes se consideraba importante, al igual que se generan nuevas inseguridades y necesidades, entorno a este acelerado estilo de vida.

Recordemos que los primeros asentamientos humanos se dieron en contacto con la naturaleza y, a medida que fueron creciendo las civilizaciones y el comercio, se consiguió la forma de vida que hoy en día conocemos.

Esto ha provocado un menor contacto con la naturaleza y lo que nos rodea más allá de las grandes cuidades, incluso es difícil pensar hoy en día en hacer vida en un lugar apartado, fuera del contacto con el mundo y las comodidades que esto representa; ni hablar del tema del internet, que pareciera que no podemos imaginar nuestra rutina sin él.

De acuerdo a una investigación publicada en  Molecular Psychiatry, relaciona la ansiedad, depresión y otros problemas de salud mental, tales como la esquizofrenia, con los espacios urbanizados.

Parece ser que estos problemas de salud mental van en aumento y aquejan a gran parte de la población, siendo los niños y jóvenes, los que más se ven afectados. Definitivamente, de seguir potencializándose el número de personas aquejadas por estos padecimientos, pronto, se volverá un problema de salud pública.

Los investigadores que llevaron a cabo dicha investigación, sugieren que la solución podría estar en visitar y conectar con la naturaleza. Tener este contacto ha demostrado que tiene una serie de beneficios entorno a la salud mental y física de las personas, reduciendo la presión arterial, la ansiedad y depresión, mejorando el estado de ánimo, concentración, sueño y memoria.

Además, que permite ser más observador, tener una mayor energía y motivar en la realización de ejercicio y actividades al aire libre.

De acuerdo con la investigación, el estilo de vida que se desarrolla en una zona urbanizada se asocia directamente con una mayor actividad de la amígdala, el efecto negativo y estrés.

Esta pequeña estructura en el centro del cerebro esta involucrada en los procesos de aprendizaje emocional, incluidos los efectos positivos y negativos, tales como el estrés.

Como parte de la investigación, se comparó la actividad de la amígdala de las personas que residían en áreas urbanizadas, de aquellas que vivían en lugares rurales, demostrando que estos últimos, tienen una menor actividad.

El estudio contó con la participación de 63 voluntarios adultos, aparentemente sanos, a quienes se les pidió que llenaran unos formularios, realizaran una tarea de memorización y se sometieron a exploraciones de resonancia magnética funcional (FMRI). Durante este proceso se les realizaron una serie de preguntas, diseñadas para inducir estrés social.

Los participantes fueron seleccionados al azar para dividirse en 2 grupos: el primer grupo daría una caminata de una hora en un entorno urbanizado y el segundo, en uno natural. Parte de las reglas era no desviarse de la ruta trazada y no usar sus teléfonos celulares durante el trayecto.

A su regreso, se realizó otra FMRI en los participantes, llenando otro cuestionario y adicionando una tarea de inducción al estrés. Cabe aclarar que a pesar de saber en qué consistían las pruebas, los participantes desconocían el motivo de la investigación.

Los resultados obtenidos fueron esta variabilidad en la actividad de la amígdala, respaldando que la naturaleza tiene efectos benéficos en la salud física y mental.

Para más información, consultar: Molecular Psychiatry

Comparte ciencia, comparte conocimiento.