La pobreza altera el cerebro de los bebés en su primer año de vida, sugiere un estudio

Esta no es la primera investigación que se realiza con respecto al desarrollo cognitivo de una persona en relación al dinero con el que cuenta en las etapas de su vida. Sin embargo, las investigaciones previas habían sido únicamente observacionales, por lo que este estudio reciente se destaca al haber sido elaborado bajo experimentación.

Los científicos detallan los hallazgos encontrados en el primer año del bebé, en el que mencionan que una reducción en la pobreza puede afectar el desarrollo cognitivo y emocional del pequeño. «Sabemos desde hace muchos años que crecer en la pobreza pone a los niños en riesgo de tener un rendimiento escolar más bajo, ingresos reducidos y una salud más deficiente», menciona Kimberly Noble de la Universidad de Columbia.

No obstante, a la fecha era incierto si la pobreza estaba directamente relacionada con estás deficiencias o si se debía a una serie de factores relacionados a la misma. Para ello, se reclutaron a 1,000 madres de familia de las ciudades de Nueva York, Nueva Orleans, Omaha o Minneapolis/St. Paul, en los Estados Unidos, las cuales recientemente habían dado a luz a sus bebés.

Posteriormente, se les otorgó aleatoriamente un pago de $333 dólares por mes o sólo $20 dólares en efectivo por mes, sin pedirles nada a cambio y durante sus primeros 4 años de vida. De las mil familias iniciales, sólo 435 pudieron permanecer activos en el estudio hasta que este finalizó, ya que la pandemia por SARS-CoV-2 impidió que muchos de los padres llevaran a sus bebés a tomar las lecturas de su actividad cerebral.

Una vez finalizado el estudio fue notable que las madres que recibieron los pagos de $333 tuvieron bebés con una mayor actividad cerebral con respecto de quienes recibieron los pagos de $20.

Es necesario continuar con investigaciones experimentales para descubrir si estos cambios perduran a la larga y se traducen en el desarrollo cognitivo de los bebés, para lo cual hay razones para pensar que de hecho, así es.

Los estudios previos, aunque fueron realizados en una menor población, habían demostrado una alta actividad cerebral en bebés de familias con mayores ingresos. «Todos los cerebros sanos están formados por sus entornos y experiencias, y no estamos diciendo que un grupo tenga ‘mejores’ cerebros» señalan en la investigación.

«Pero, debido al diseño aleatorio, sabemos que los $333 por mes deben haber cambiado las experiencias o los entornos de los niños, y que sus cerebros se adaptaron a esas circunstancias cambiantes». Los autores continúan estudiando cuales pudieron haber sido los factores ambientales asociadas a un desencadenamiento de una mayor frecuencia en las ondas cerebrales.

«Tradicionalmente, los debates sobre las políticas de transferencia de ingresos dirigidas a familias de bajos ingresos en los Estados Unidos se han centrado en la oferta de mano de obra materna en lugar del bienestar infantil», agregaron los autores.

«Nuestros hallazgos subrayan la importancia de cambiar el discurso para centrar más la atención en las políticas de transferencia de ingresos que promueven el desarrollo de los niños».

Los hallazgos se publican en las páginas de la revista PNAS.

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Alan Steve tiene una licenciatura en Bioquímica Clínica por la Universidad Nacional Autónoma de México y hace trabajo de investigación en la Unidad de Genética y Diagnóstico Molecular del Hospital Juárez de México. En internet, Alan es fundador de la comunidad Enséñame de Ciencia.