Una gran cantidad de agujeros negros supermasivos y rebeldes deambulan por el universo

Nuestra comprensión sobre los agujeros negros, aquellos objetos que durante mucho tiempo han asombrado a los físicos teóricos y cosmólogos, ha aumentado en los últimos años, en parte gracias a los avances tecnológicos que permiten el diseño de sofisticados programas que son clave para el análisis computacional de los modelos con los que se estudian dichos objetos astronómicos. 

Tan solo en la últimas dos décadas hemos aprendido más sobre los agujeros negros, y hemos podido vislumbrar aquel panorama que durante mucho tiempo se mantenía en incógnita. Ahora sabemos con certeza que realmente existen, cómo se originan y cuántos tipos de agujeros negros pueden formarse. 

De todos los tipos de agujeros negros, los más misteriosos son los agujeros negros supermasivos. Por las investigaciones que los cosmólogos realizan, sabemos que estos objetos residen en el corazón de galaxias espirales o irregulares, y son detectables a través de los poderosos chorros de energía que emiten cuando están “alimentándose”. 

Sin embargo, no está del todo claro si estos objetos únicamente residen en los centros galácticos, y su origen todavía sigue siendo un misterio [aunque se han realizado algunos estudios que plantean posibles situaciones que dan origen a agujeros negros supermasivos]. Por lo que sabemos, un agujero negro de masa estelar se forma debido al colapso gravitacional de estrellas supermasivas, después de que esta explota como supernova; pero los agujeros negros supermasivos parecen formarse de otra forma. 

Ahora, un nuevo conjunto de simulaciones ha permitido a un equipo de astrónomos determinar que estos objetos no necesariamente residen solo en el centro de galaxias, y por el contrario podrían existir muchos merodeando en las zonas alejadas de núcleos galácticos; además, con sus simulaciones podríamos determinar cuántos “vagabundos cósmicos” deberían haber y su paradero, lo que a su vez podría ayudarnos a identificarlos en el Universo.

A través de simulaciones cosmológicas de Romulus, un equipo de científicos liderados por el Dr. Angelo Ricarte, del Instituto de Teoría y Computación y del Centro Harvard-Smithsonian de Astrofísica, estimaron la frecuencia con la que ocurre la formación de agujeros negros supermasivos, así como los lugares donde podrían ocultarse en el universo. 

Estas simulaciones rastrean la evolución orbital de pares de agujeros negros supermasivos, lo que significa que pueden calcular la probabilidad con la que los agujeros negros lleguen al centro de su hogar galáctico, y también cuantos podrían perderse en el camino y nunca llegar. “»Nuestros resultados sugieren que galaxias como la Vía Láctea en Romulus albergan un promedio de 12 agujeros negros supermasivos, que típicamente deambulan lejos del centro galáctico», escriben los autores en su estudio.

Sin embargo, el equipo también plantea la posibilidad de que estos agujeros negros podrían no estar activos, por lo que detectarlos podría ser una tarea sumamente dificil de realizar. Por tanto, el equipo espera realizar un nuevo trabajo, donde mencionen las posibles formas para detectar estos objetos astronómicos nómadas.

La investigación ha sido publicada en Monthly Notices of the Royal Astronomical Society.

Comparte ciencia, comparte conocimiento.

ensedecienciaalan

Alan Steve tiene una licenciatura en Bioquímica Clínica por la Universidad Nacional Autónoma de México y hace trabajo de investigación en la Unidad de Genética y Diagnóstico Molecular del Hospital Juárez de México. En internet, Alan es fundador de la comunidad Enséñame de Ciencia.