“Ricitos de oro”, el nuevo agujero negro detectado que tiene 55,000 veces la masa del Sol.

Un equipo de Astrónomos de la Universidad de Melbourne, en Australia, informaron el lunes 29 de marzo sobre el descubrimiento de un agujero negro de tamaño mediano que, de acuerdo con los investigadores, puede ayudar a responder una de las preguntas más tentadoras de la cosmología: ¿Cómo es que surgen los agujeros negros supermasivos?

Hay tres categorías de agujeros negros:

  • Agujeros negros primordiales: son los agujeros negros más pequeños y varían desde el tamaño de un átomo hasta la masa de una montaña.
  • Agujeros negros estelares: son los agujeros negros más comunes y pueden ser hasta 20 veces más masivos que el Sol. También hay una variedad de estos en toda la Vía Láctea.
  • Agujeros negros supermasivos: son los agujeros negros más grandes, siendo más de 1 millón de veces más masivos que el Sol, y por lo regular se encuentran en el corazón (centro) de galaxias espirales.

El agujero negro “Ricitos de oro” recién detectado, con unas 55,000 masas solares, podría ser un eslabón perdido entre estos dos extremos, sugirieron los científicos el lunes en la revista Nature Astronomy . Hasta ahora, solo se han detectado un puñado de agujeros negros de masa intermedia.

El Dr. Eric Thrane, autor principal del estudio y profesor de la Universidad de Monash, dijo que este agujero negro recién descubierto «podría ser una reliquia muy antigua, un agujero negro primordial creado antes de que se formaran las primeras estrellas y galaxias».

El hallazgo de esta reliquia ha sido posible gracias a un estallido de rayos gamma; un destello de medio segundo de luz de alta energía. Debido a que los agujeros negros deforman el tejido espacio-tiempo a su alrededor, la lente gravitacional resultante magnifica y distorsiona la luz producida por el estallido de rayos gamma; este evento, aunado a un software que detecta agujeros negros a partir de ondas gravitacionales, permitieron detectar el escurridizo agujero negro de masa intermedia.

 

La investigación fue publicada en Nature Astronomy, y la puedes ver aquí.

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