¿Y si estamos solos? Investigadores de Oxford calculan una probabilidad muy baja de que exista otra forma de vida inteligente en el universo.

Desde que empezó a hacer uso de la razón, la humanidad se comenzó a preguntar sobres lo que ocurre a su alrededor. Unas preguntas eran sencillas de responder, y otras no lo eran del todo; dentro de estos cuestionamientos, el humano comenzó a preguntarse sobre su existencia, su lugar en el universo y si otros mundos podrían tener vida lo suficientemente inteligente como para construir civilizaciones y poder hacer contacto con nosotros como especie.

Este tema, tan abiertamente inexplorado, ha inspirado una gran cantidad de obras de ciencia ficción, pero también sueños de exploración espacial más allá de los rincones de nuestro propio sistema solar. Pero las preguntas siguen en pie ¿Estamos solos en el universo? y, si el universo está lleno de vida extraterrestre… ¿dónde están los viajeros interestelares?

El italiano Enrico Fermi (1901-1954), premio Nobel de Física en 1938.

Para abordar el tema, el físico Enrico Fermi se planteó en 1950 que, si existe una elevada posibilidad de que surja vida inteligente alrededor de la zona habitable de una estrella, y en nuestra galaxia hay millones de estrellas con ese potencial ¿Por qué no hemos detectado ninguna señal de vida inteligente? Durante los últimos 60 años, se han desarrollado una serie de posibles explicaciones para este acertijo, conocido hoy como “La paradoja de Fermi”.

Dentro de esta temática sale a flote la famosa “Ecuación de Drake”, formulada en 1961 por el astrónomo estadounidense Frank Drake, y que permitia calcular qué probabilidad existía de que otra civilización pudiera comunicarse con nosotros. Aunque los resultados fueron esperanzadores para aquellos optimistas en la creencia de vida extraterrestre avanzada, lo cierto es que Drake tuvo muchas críticas por los resultados mostrados… y los métodos en la búsqueda de vida inteligente siguieron avanzando.

Uno de los más famosos de este tipo son los proyectos “SETI”, del inglés Search for Extra Terrestrial Intelligence, que tratan de encontrar vida extraterrestre inteligente, ya sea por medio del análisis de señales electromagnéticas capturadas por radiotelescopios, o bien enviando mensajes de distinta naturaleza al espacio con la esperanza de que alguno de ellos sea contestado. Hasta ahora, no se ha detectado ninguna señal de claro origen extraterrestre.

Frank Drake y su célebre ecuación sobre la posibilidad de que existan otras civilizaciones inteligentes.

Por ello, parecería que la forma más viable para ver si existe vida extraterrestre avanzada, es valiéndose de los métodos numéricos. Hace apenas unos años, en vísperas de verano de 2018, un equipo de investigadores de la Universidad de Oxford liderados por Anders Sandberg, elaboraron un modelo matemático que arrojaba un resultado muy bajo de posibilidad sobre la existencia de vida inteligente en el universo, aparte de la desarrollada en la Tierra. En sus conclusiones, los autores estimaron hasta un 99.6% de probabilidad de que estemos solos en la Vía Láctea, y hasta un 85% de que estemos solos en el universo observable.

Los resultados supusieron un portazo en la cara a los entusiastas de la firme creencia de vida extraterrestre avanzada y, aunque el equipo utilizó métodos probabilísticos más sotisficados y precisos incluidos dentro de la ecuación de Drake, examinando cuanto tiempo tardó la vida en evolucionar en la Tierra y que tan probable fue cada paso, no dejan de ser eso, números estadísticos y probabilísticos que al final se topan con aquello que llamamos “evidencia experimental”. Ninguna cantidad de análisis probabilístico sofisticado puede justificar tratar las conjeturas como si tuvieran algún tipo de peso científico 100% comprobable.

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Radiotelescopios en Atacama, Chile.

En mi opinión, todavía es posible que la vida, e incluso la vida inteligente, sea omnipresente en nuestra galaxia y en todo nuestro universo observable. Aún así, es común encontrar titulares sensacionalistas que muchos medios de comunicación utilizan. Claro, esta NO es una novedad en el periodismo científico.

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